lunes, 4 de febrero de 2008

Analisis del Amante Lesbiano (Lectura y comentarios) Segunda Parte




Después de encontrarse con la tita en la playa, aparece el tito Juan, y hablan acerca de lo diferentes que eran las dos hermanas. Dialogan y se cuestionan que es lo que hace que alguien salga de una manera o de otra. Son las actitudes innatas, la educación que reciben, la imposición de las normas, los tabús, etc. etc. También comentan que la relación entre su madre y su padre no era buena, y que si él hubiera nacido niña, su madre se hubiera separado. Al nacer niño, su madre puso en él todas sus esperanzas, ya que él pasaría a ser su hombre. Como los demás, el tito Juan desaparece, y el protagonista aparece de nuevo por las calles de Madrid para coger uno de aquellos tranvías de la época. Se sorprende de lo ágil que está, ya que coge en marcha en tranvía. Ya no le sorprende que el tranvía no se tenga que pagar. En este tranvía es el revisor el que da los billetes a los pasajeros, y curiosamente le ha tocado un billete que es capicúa, y observa que los demás pasajeros sonríen cuando les dan el billete, por que todos los billetes son capicúas.

Con la misma agilidad, desciende del tranvía en marcha, en una plaza, donde toma asiento. Allí aparece a su lado una persona que dice ser dios, con la d en minúscula. Mantiene una conversación con él, y le asegura que no es el Dios con mayúsculas, sino su propio dios interior, aquel que forma parte de la conciencia cósmica, aquel que representa la evolución de la conciencia individual de cada uno. Él le recrimina algunos de las enseñanzas religiosas, haciéndole saber que el hombre no es más que una chapuza, y el dios se defiende alegando que el hombre, sólo es una pequeñísima parte de la creación y que no tiene ninguna importancia.

Cerca de la plaza está el Café Veracruz, así que se dirige allí y en este está la camarera Chelo, de la que guarda gratos recuerdos. Ella se sienta en su mesa, y le confiesa que si en el pasado él le hubiera pedido salir con ella, ella se hubiera ido a la cama con él. En un momento Chelo cambia la música que sonaba en el bar, y cuando regresa recuerda que debía decirle a él, que el otro día una mujer preguntó por él, al ver la caja con las postales que se dejó en la barra, y que le eran familiares, así que deseaba verle. Él se queda extrañado, ya que el nombre no es familiar, pero le viene a la memoria el recuerdo de una tal Farida, que conoció en el 1935 cuando tenia 13 años. Recuerda que cuando vivía con sus padres, les visitaron una pareja, él profesor universitario de 50 y tantos años, y una joven de rasgos bereberes, con ojos grises y azules que acababan de casarse. Su padre consiguió acordar una excursión a Toledo con la pareja, a la que su madre no se apuntó por tener uno de esos ataques de jaqueca a última hora.

Él recuerda que por su edad vestía pantalón corto, pero que quería aún así aparentar mas edad frente a la joven prometida. Ya en Toledo, intentó destacar ante ella como guía, o de cualquier otra manera. Por la noche, después de que el padre y la pareja de la novia se fueran a hablar a otro lugar, estando solos, hubo un momento mágico para él, ya que ella tocó con su mano la rodilla desnuda de él. Ese momento lo hizo estremecer.

Al día siguiente, como su padre se comprometió en entregar un libro, envió a su hijo al hotel donde estaban hospedados. Allí, en su habitación, ella estaba sola. Le hizo pasar, charlaron, aunque el no recuerda de que, pues su atención estaba puesta en la raja de su falda, que dejaba ver sus muslos, unos muslos de los que no podía ni quería dejar de mirar, aunque debía disimular y mirarlos en los momentos en que ella no se diera cuenta. Allí descubrió la diferencia entre la sensualidad que marcaba su tita, y la sexualidad de los muslos de Farida. Dos mujeres, pero dos sensaciones más distintas. Quizá, al tener un año más, le había hecho despertar esa nueva sensación.
Antes de despedirse, aquella mujer le regaló una cadenita para pulsera, con la imagen de Fátima.

Al regresar a su casa, regresó con un sentimiento de culpa, como si hubiera sido adultero hacia su madre. Su madre, al ver la cadenita, se la quedó alegando que era una cadenita para niñas.

Tras ese recuerdo, el protagonista aparece en el Pub irlandés donde lo han citado con la desconocida. Allí se sienta y espera a que ella llegue, volviendo a imaginar y desear que sea la tal Farida, la mujer desconocida.

Aparece una mujer en el Pub, que mira buscando una mesa, y al verlo, le saludo de lejos. Él no puede apreciar si es la mujer que espera, ya que está oscuro, pero pronto sale de dudas al acercarse a su mesa. Es ella. El besa su mano, y le ayuda a sentarla. El le explica que no sabia que su nombre fuera aquel con el que le habían dicho, y le dice que ese es su verdadero nombre, el otro, era el de casada. Cuándo él se casó, Farida le envió unas cartas, que fueron interceptadas y contestadas por la madre. Ya no supo más de ella.

A lo largo de su conversación, él le recuerda la noche en que Farida tocó su rodilla, y ella le hace una confesión al respecto. Y es que de joven, vivía con su familia en un harem, y su tía una noche le preparó una cita con una esclava del harem. Fue su primera relación carnal, y confiesa que la noche en Toledo con él, casi como un gesto automático, sintió lo mismo que con aquella esclava al tocarle la rodilla.

Ella le comenta además, que no es psicóloga pero que ejerce de algo parecido y que tiene poco tiempo, pero que le buscará un hueco en su agenda para quedar otro día.


Comentarios de lo leído entre las página 17 a la 30.

El trozo que he leído tiene bastantes puntos interesantes bajo mi punto de vista, por ejemplo,

- la reflexión de que es lo que hace a las personas a ser lo que son. Que condiciona la personalidad, las tendencias, el comportamiento, etc. etc. Esta pregunta es difícil de resolver, y seguramente un estudioso en psicología y/o en antropología podría tener una respuesta más científica a todo esto, pero creo bajo mi punto de vista, que la educación recibida de niños condiciona mucho la futura persona adulta, en cuanto a la personalidad, y el comportamiento. Los tabús, sin duda, sobre todo los religiosos, condicionarán la futura tendencia sexual, aunque no las cambiarán, ya que estas vienen definidas bajo mi punto de vista, de nacimiento.
- Complejo de Edipo. El hecho de que después de su excursión a Toledo, al regresar a su casa con su madre, y tener un sentimiento de culpa por adulterio (adulterio en su imaginación, claro) puede desvelar un complejo de Edipo hacia su madre. También de su madre hacia él, al poner desde su nacimiento el deseo de que su hijo fuera su hombre. Este es otro de los tabús de nuestra sociedad que toca ligeramente bajo mi punto de vista, el autor en este libro.
- El descubrimiento de la sexualidad, y su diferenciación de la sensualidad. El despertar de los sentidos adultos, del deseo carnal por el cuerpo de una mujer, de esa mujer en concreto, algo que no había sentido antes con su tita, o muy diferente de lo sentido hacia su tita.
- Su encuentro con Farida en el pub, y la confesión del harem. Aquí ya introduce una experiencia de dominación/sumisión y cómo esta experiencia hace sentir a Farida lo mismo con ese joven de 13 años, que intuyo que será a la larga, esclavo de Farida.

2 comentarios:

BELMAR dijo...

interesante espacio has creado... felicitaciones por poner el tema!

Su gusano patético dijo...

Gracias por la visita Belmar.

Saludos.